viernes, 24 de abril de 2015

ENTRE COLORES


Habían iniciado su noviazgo hacía muy poco tiempo, pero en realidad eso no importaba, ya que cuando aparece el amor, el tiempo se pierde de vista; al menos eso era lo que ella había experimentado. Era bailarina y desde la mas tierna edad se había subido a un escenario y ahora, además de danzar con sus compañeros, lo hacía con la explosión de intensos y maravillosos colores que había originado su amor por él. Cada vez que se subía a las tablas aparecían ellos: brillantes, vivos, profundos, amontonados, mezclándose unos con otros y danzando junto a ella.
Y es que así era esa sensación maravillosa que la acompañaba desde que se entregó a construir la coreografía del amor. Cuando su cuerpo entraba en movimiento, la invadía una gama de colores y danzando como si estuviera sobre una gran paleta jugaba con los tonos y las intensidades, entonces, sus pies y manos se convertían en maravillosos pinceles, que coloreaban los sentimientos que le daban vida al amor.  
Sus compañeros no podían imaginar la cantidad de colores que originaba su baile. A  sus ojos el escenario ya no tenía decorado, ni el salón de ensayo estaba libre ya que ellos, los maravillosos colores lo invadían todo.
Rubí y Rubio se habían convertido en las grandes promesas de aquel prestigioso ballet. Allí se habían conocido y allí habían comenzado la danza de su amor. Con su baile pintaban en distintas tonalidades sus movimientos, cada paso, cada giro, dando brillo  y diferentes matices a cada color, salpicando al tímido blanco o decolorando al oscuro negro cuando era necesario. Ella lo había llevado a él también, a sumergirse en la explosión de colores que originaba el amor mutuo, así que cuando ambos danzaban, sentían esa maravillosa sensación que surge, al entregarse a la colorida coreografía del amor. Entre colores discurría su baile y su amor.


jueves, 23 de abril de 2015

LA ESTANTERÍA DE LIBROS


Como cada jueves en la tarde, perro y niña estaban allí de frente a la gran estantería, mirando de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba todos aquellos libros. Lo que más le llamaba la atención a Penélope, eran los colores. Aquella gran cantidad de libros de todos los colores formaban en su conjunto y a sus ojos un colorido y muy atractivo panorama.
A los usuarios de aquella biblioteca  no les pasaba desapercibido que aquella chiquitina y su compañero perruno miraran con tanto interés y por largos ratos la estantería del pasillo central.
Mientras su abuelo hacia su gestión de costumbre, Penélope y Peluso formaban un hermoso cuadro digno de ser pintado por el mejor pintor. Sus cabezas inclinadas ligeramente hacia arriba y los ojos muy abiertos los convertía en grandes observadores de todos aquellos libros.
A Penélope le encantaba imaginar las mágicas historias escritas en ellos. Para la  niña en los libros de color azul, estaban escritas las historias de hadas, en los de color rojo se contaban las historias del circo, en los libros color verde estaban las historias de bosques encantados, en los de color rosa se narraban las vidas de príncipes y princesas, en los libros color negro se hablaba de fantasmas, brujas y misterios y en los de color violeta aparecían las peripecias del duende Benito. Y por supuesto que la niña estaba segura de que el duende Benito vivía entre los libros. Si hasta algún día le pareció verlo asomado por allí entre los libros de color blanco.
Cuando su abuelo caminaba hacia la puerta de la biblioteca, ya era señal de que se tenían que ir. Automáticamente niña y perro emprendían la marcha hacia el encuentro con el anciano, quien mientras caminaba con paso lento y un libro entre sus manos, no podía evitar pensar la gracia que le causaba el encantador espectáculo que ofrecían su nieta y mascota a los usuarios de la biblioteca.

Ya de regreso caminando por la vereda, Penélope solía decirle a Peluso que cuando fuera grande trabajaría en la biblioteca, se leería todos los libros y descubriría el lugar exacto donde vivía el duende Benito.

lunes, 6 de abril de 2015

LAS MÁSCARAS


El Bufón solía pensar para sí mismo que su trabajo era uno de los más duros de todos cuantos había en la vida. Nadie conocía su verdadero rostro. Todos sabían quién era cuando llevaba una de sus máscaras puesta, entonces le saludaban, bromeaban y se entretenían con él. No recordaba si había nacido bufón o si por el contrario alguna vez no lo fue. Poco a poco se había ído acostumbrando a sus máscaras y prácticamente no podía estar sin ellas. Su rostro descubierto le hacía sentirse inseguro y se hallaba desprotegido cuando no las usaba.
Nadie lo sabía pero tenía un método muy particular para elegir la máscara que usaría en cada función y este consistía en lo siguiente: Cuando amanecía triste, enfadado o desilusionado se ponía la máscara de la risa; cuando  por el contrario amanecía alegre, esperanzado y lleno de ilusión, usaba la máscara de las lágrimas. Y es que en eso consistía su trabajo, en mostrar la ironía de la vida y que mejor manera de mostrarla, sintiéndola el mismo: riendo cuando tenia ganas de llorar y llorando cuando tenia ganas de reír.
Un buen día todos se quedaron esperando la función. El Bufón no apareció. Nadie sabía que había sucedido con él. Lo buscaron por todo el pueblo y no lo encontraron, por el contrario en su tienda lograron apresar a un hombre que con cara de terror, contemplaba dos máscaras destruidas entre sus manos.

viernes, 27 de marzo de 2015

SU LOCURA

Al principio no se le notaba. Como si fuera el más común de los mortales a mis ojos se vislumbraba como un hombre atractivo e interesante. Pensaba para mis adentros que su vida estaba llena de actividades importantes así me lo hacían concluir sus talentos y cualidades, aunque cierto aire de arrogancia que dejaba traslucir de vez en vez, me hacía pensar en otras posibilidades inciertas acerca de su persona.

-¿Qué cómo me di cuenta?- Me di cuenta en el momento justo en que pronunció la descabellada frase: -“Tu estás confundida”-. Entonces fui víctima de sus contradicciones y comprendí, que en su interior se libraban grandes batallas emocionales y luchas consigo mismo. Caminar por la vida anulando los asuntos del alma y del corazón, se había convertido en su gran locura.

domingo, 15 de marzo de 2015

EL LABERINTO


En incontables ocasiones, el hombre cavisbajo había pasado por la salida de aquel lugar sin darse cuenta. Con su mirada clavada en el piso y cansado de dar vueltas a las que no les encontraba sentido ni orientación, estaba a punto de echarse a llorar. Se preguntaba una y otra vez que como había ido a parar a aquel laberinto, que nunca había visto en su cotidiano transitar por el camino que lo llevaba a su faena diaria. Había intentado pedir ayuda dando gritos, pero había sido inútil, nadie atendía a su llamado. Había corrido y caminado en uno y otro sentido una y otra vez, colocando marcas para no volver a pasar por el mismo lugar. También había sido inútil. Intentaba recordar, en qué punto del camino había entrado en aquel intrincado laberinto, para ver si así podía encontrar una solución a su situación. Ya dándose por vencido, se tumbó en el piso, cansado física y mentalmente, y lloró un rato con las manos puestas en su rostro. Quedándose dormido, soñó que era un ave que volaba velozmente surcando el cielo. Cuando despertó dirigió su mirada hacia arriba, aunque no tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado en aquel lugar, aún era de día y el sol brillaba en un cielo muy azul. Se puso de pie y sin dejar de mirar hacia arriba comenzó a caminar, en ese momento se dio cuenta de que todo el tiempo había estado siguiendo las paredes del laberinto, que no había levantado su mirada más allá de unos cuantos metros delante de sus pasos. Comenzó a correr sin dejar de mirar las aves que volaban en lo alto y enseguida, para su sorpresa, encontró la salida la cual pudo ver a lo lejos, remontando la mirada por sobre las paredes del laberinto. Se dio cuenta que cambiando de perspectiva había cambiado su circunstancia.