lunes, 11 de septiembre de 2017

PEQUEÑOS FANTASMAS

El silencio fantasmal de aquel recinto hacía que contuviera mi respiración. No podía quitar mi mirada de aquellas pequeñas camas, quería percibir en  los desecados hilachos de las que alguna vez fueron sábanas, viejos aromas infantiles, pero un escalofriante miedo  recorría mi cuerpo al intentar imaginar aquellas vidas humanas evaporadas y convertidas en nada.
Ni ruido ni viento eran capaces de entrar por aquellas desnudas ventanas. Sobre cada camita una muñeca de plástico con cabello sintético simulaba la vida que aquella catástrofe le negó para siempre al infante que la ocupó, quería mi imaginación descubrir los sueños que alguna vez flotaron en sus cabeceras.

Ese silencio fantasmal me incitaba a ver, en aquellas muñecas y otros juguetes pequeños fantasmas, y se me antojaba que poseídos por un misterioso poder lo controlaban todo, inclusive los recuerdos. Escuché que algunas personas los habían colocado por toda la habitación para que no se olvidara a los niños que habían vivido allí. Llamó mi atención un pequeño piano, cerré los ojos, y desafiando aquel lúgubre silencio presioné una tecla, oí un si agudo sin fuerza. Me pareció aquel lastimero sonido el gemido de una de las tantas voces infantiles devastadas por aquella tragedia nuclear.

sábado, 5 de agosto de 2017

EN VUELO Y CANTABRIA

Poco a poco el característico ruido del avión metido en mi cabeza comenzó a invadir mis pensamientos, se fueron disipando las dudas y los tan irremediablemente entrometidos asuntos del trabajo. Unas inesperadas risas a causa del vecino que ocupaba el asiento a mi derecha, por la gracia que me causaba el bamboleo de su dormida humanidad, me invadieron y vinieron a refrescar mi día. A través de la ventanilla el azul del cielo se dispuso a llamar mi atención. Una voz muy peculiar, la del comandante del avión, hizo que prestara atención a todas las veces que se dirigió a los pasajeros, la primera vez para decirnos que estábamos justo sobre el sur de Portugal y la segunda, para recitarnos en un tono casi teatral la importancia y el respeto que le debíamos a su tripulación, lo que me hizo suponer que algo habría pasado entre algunas de las jóvenes y guapas azafatas que nos atendían y algún pasajero. Pequeñas turbulencias que sacudían el aparato volador, me hacían luchar para mantener el equilibrio en mi dedo y poder teclear atinadamente, era necesario escribir algo, no debía desaprovechar este preciado tiempo libre que logré liberar de los barrotes del horario laboral. Una pequeñaja pasó corriendo por el pasillo central, no logré verla bien, sólo el característico ruido que hace un niño cuando corre y el movimiento de su cabello dieron cuenta de ello. Oía las voces y las risas de mis compañeros desperdigados por todo el avión cuando, la artística voz del comandante irrumpió nuevamente para decirnos que en veinte minutos llegaríamos a Madrid, que en su cielo había algunas nubes y que la temperatura allí sería de 39 grados. Miré por la ventanilla y la claridad me deslumbró, eran las 16:24 h. en el vuelo 3911 que estaba a punto de finalizar, pero mi propio vuelo el que ocupa mis días, continnuaba. Por lo pronto voy rumbo a descubrir Cantabria.

María de la Luz (05/08/2017)

viernes, 7 de julio de 2017

EL SENTIDO DE LA VIDA

La niña buscaba desesperadamente su escuela, desorientada y aturdida caminaba entre los escombros, cansada ya de andar se le ocurrió una idea. Tal y como se lo había enseñado su maestro, tocaría, así podrían escucharla y alguien vendría a por ella. En un intento por sacar su flauta de la mochila que apretaba contra su pecho, sintió un punzante dolor, pero restándole importancia a tal anomalía y a la sangre que manchaba su vestido color rosa, siguió adelante para cumplir con el cometido de ser escuchada. Asustada dejó caer la mochila al suelo, cuando una ensordecedora detonación hizo temblar aquellos cuerpos inertes que llenos de polvo yacían tirados por doquier. La guerra le había arrebatado todo, pero no lo que sentía cuando tocaba su flauta, estaba convencida de que la música la ayudaría una vez más a no darse por vencida y a encontrarle sentido a la vida. Cerró sus ojos y sus pequeños dedos siguieron el orden aprendido en clase para empezar en la nota musical mi, el cual consistía en tapar el agujero de detrás, colocar tres dedos con la mano izquierda y dos con la derecha, y a continuación levantar el dedo anular de la izquierda dejando destapado el tercer orificio. Respiró y comenzó a tocar.

María de la Luz (07/07/2017)

lunes, 29 de mayo de 2017

ENAJENADA

La ciudad estaba vacía, sólo se escuchaba el sonido de mis propios pasos a pesar de que iba descalza. El silencio que imperaba a mi alrededor era tan sobrecogedor que temía hacer ruido con mi caminar, así que cogiendo mi falda comencé a andar de puntillas y tan rápido como me lo permitía el poco valor que me acompañaba puesto que, aquella extraña situación en la que me encontraba inundó mis sentidos de miedo e inseguridad. Ahora lo podía comprobar, esa agónica melodía estaba dentro de mi cabeza, y en cada paso esa sucesión de lánguidos sonidos me distraían del imperante y aterrador vacío del que estaba compuesto aquel lugar. Aquella extraña situación vino a terminar de darle forma a la gran confusión en la que me encontraba desde hacía bastante tiempo, o al menos así lo creía yo, me refiero a lo de bastante tiempo, y entonces le encontré explicación a lo que me pasaba. Alcé mis manos y tapé mis oídos, y al oir únicamente esa melodía dentro de mí entendí que era la que no le daba paso al ruido del mundo que me rodeaba. Había vivido enajenada. Cuando desperté aquella mañana le di los buenos días a la enfermera convencida por fin de que la ciudad no estaba vacía.
María de la Luz (29 de Mayo 2017)

miércoles, 10 de mayo de 2017

SENSACIONES DE UN SUEÑO

Había ido con mi madre a un sitio el cual no conozco, mas sin embargo sí conocía algunas de las personas que encontré en dicho lugar. Era una especie de casa vieja ubicada quizás en una ciudad, su techo era de láminas de zinc y su piso era de cemento pulido. Había un grupo de personas que pertenecían a una organización y por esa razón estaban allí en una especie de reunión. De todas las allí presentes conocía perfectamente a una mujer y al que regentaba el grupo y por supuesto, también conocía de lo que trataba ese grupo y lo que hacen las personas que pertenecen a él. En un primer momento estaban todos dentro y en los alrededores de la casa, que tenía pasillos, corredores y varias habitaciones, pernoctando en alegre conversación. La mujer morena que conozco decía algo que no recuerdo, pero si recuerdo que hablaba en tono amable y sonriente. De repente estaban todos reunidos en un cuarto que hacía las veces de aula, en lo que parecía ser una clase de estudio. Aunque yo estaba afuera y sólo podía escuchar, tenía la certeza de que estaban todos sentados en pupitres. El que regía el grupo hablaba o mas bien leía, reconocí perfectamente su voz. Por lo que escuchaba, supe que leía, recuerdo algunas palabras entre las que repetía insistentemente, “yo”; leía en primera persona. Luego, repentinamente se derrumbó la casa y todos tuvieron que salir de allí, pude ver como un techo se había venido abajo, no hubo heridos, ni siquiera alguien sufrió algún golpe, tampoco hubo escándalo ni estruendo y todos los que allí estaban simplemente se fueron, quedaron algunos pocos hablando de lo sucedido. Yo le dije a mi madre: -Vámonos de aquí, no debemos estar aquí-. Después vi al que regentaba el grupo caminando solo, una capa azul le cubría en su totalidad, encorvado y torcido hacia el lado izquierdo le vi alejarse de espalda. Fin de mi sueño.
Cuando recuerdo mi sueño, mis sentidos son invadidos por una mezcla de sensaciones extrañas que dibujan trazos de cobardía, injusticia y dolor. Lo cierto es que en el sueño una parte de mi, y de eso estoy plenamente consciente, pujaba por alejarse, no quería revivir antiguas tristezas.

María de la Luz (10/05/2017)