domingo, 26 de junio de 2016

ERA LA PRIMERA VEZ QUE VISITABA LA ISLA DE LA PALMA

De frente a la ventana, y dudando de si me acercaba o no, quería con una curiosidad infinita mirar a través del cristal. Imaginaba a la niña de cabello rubio con gruesas trenzas, sentada en el piso de madera, jugando con su muñeca Marilú. Por fin, llenándome de valor para franquear la privacidad del lugar me acerqué, y apartando cuidadosamente las ramas floridas de la hermosa enredadera, alzándome de puntillas, pegué mi rostro al cristal y la pude ver a través de la vieja y empolvada ventana, allí estaba ella, la encantadora niña; absorta peinaba la cabellera negra de su preciada muñeca.Mi abuela no me había mentido, todo era tal cual como ella me lo había contado: la casa roja, grande e imponente al lado, el aljibe y la escalera en la parte de enfrente, un amplio salón con piso de madera, mucha vegetación alrededor y la ubicación; la casa estaba a la orilla de la carretera.Las numerosas historias que se agolparon en mi memoria y que revivieron al estar mirando a través de la ventana, me indicaron que efectivamente ella había vivido allí. Era la encantadora niña, mi madre, y esa era la casa donde había transcurrido su infancia, casa que reconocí caminando cuidadosamente calle abajo apenas llegué al pueblo, sin mas guía que los estimados recuerdos que guardo de las historias que me contó mi abuela en mi niñez.Era la primera vez que visitaba la Isla de La Palma y por ende el pueblo de Mazo, recuerdo que al día siguiente de llegar allí, me levanté muy temprano y me fui a caminar por los alrededores y allí estaban los lugares numerosas veces descritos en las historias oídas en mi infancia: la Iglesia de San Blas, el cementerio, la plaza del Ayuntamiento, la casa roja y por supuesto la casa donde habían vivido mi bisabuela, mi abuela y mi madre. Un acogedor pueblo lleno de árboles y flores, donde sanas e inocentes costumbres que sobreviven hoy y que conviven con la modernidad y el adelanto de los tiempos, pareció darme una familiar bienvenida. Entré al cementerio que parecía un jardín florido, y en aquel momento creí que leyendo los nombres plasmados en las criptas me reencontraría con mis antepasados.Aquel mi primer verano en Canarias, agosto del 2008, crucé el mar para llegar a la hermosa Isla con forma de corazón, y aprovechando el tiempo al máximo logré que La Palma me mostrara sus encantos, en sus miradores logré atrapar la inmensidad del mar y del cielo y en cada rincón visitado ella me atrapó a mi.Pero sin duda alguna, durante todo el tiempo que estuve allí, me arrullaron las historias de mi abuela; benditas las palabras contadas que nos hacen revivir y reconocer mágicamente la belleza de lo ya vivido, por otras personas, en otros tiempos y en otros lugares. Todo era como ella me lo había contado.María de la Luz (06/05/2016)

martes, 3 de mayo de 2016

LOS HILOS MÁGICOS

Abrió el baúl y ante sus ojos apareció un chico rubio con grandes ojos azules. De un salto, salió de su lugar de descanso, y con actitud amable se dirigió a la persona que había estado llamando a su morada y extendiéndole su mano, le saludó:

-Hola, mi nombre es Perucho-.

Pronto el chico, al corresponder a su saludo, se pudo percatar de que Perucho,  tenía todos sus hilos caídos, en desorden y sin que nadie los sostuviera. Esto le causó un gran asombro pues, cómo era posible que sin estar sostenido ni que nadie lo dirigiera pudiera moverse y andar libremente.

Perucho, notando el desconcierto de aquel muchacho, se apresuró a disculparse por el ruido que causaba dentro del baúl.

Aquel niño, trataba de buscar una explicación lógica a semejante fenómeno. Pues todas las marionetas, que él había visto alguna vez en su vida, estaban sostenidas por hilos fuertes y dirigidas por una persona de carne y hueso.

Perucho, viendo la cara de estupor de aquel chico, se dispuso a actuar con naturalidad.

Tratando de salir de su asombro, el jovencito le preguntó a Perucho el motivo por el cual podía moverse sin estar sostenido por sus hilos.

Perucho, que siempre había pensado que su situación era normal, no sabía cómo explicar de una manera sencilla a aquel niño lo que le preguntaba, para que lo pudiera entender.

En un primer momento, no encontraba las palabras adecuadas, pero pidiendo ayuda al GRAN MISTERIO, logró comenzar su explicación. -Tengo dos clases de hilos, los normales que todos pueden ver y que dirige el hombre y otros que son mágicos-. Dijo.

Pero aquellos hilos mágicos, que Perucho mencionaba, no se veían por ninguna parte, por más que el chico buscaba y miraba.

Resulta que aquella asombrosa marioneta, con el transcurrir del tiempo se había dado cuenta, que en cada función había ido desarrollando habilidades y destrezas inusuales. En muchas ocasiones, el hombre de carne y hueso no se daba cuenta, pero muchas de sus piruetas y movimientos eran gracias a sus hilos mágicos. Y era que estos cordones invisibles a los ojos de los demás, eran los que lo guiaban en las funciones y en los momentos en que no estaba trabajando, tal como ahora.

Aquel niño sin salir de su asombro, trató de seguir la explicación de Perucho:

-Son hilos invisibles que no los dirige el hombre, sino que al venir del GRAN MISTERIO, están dotados de una fuerza especial y de movimientos muy sutiles, tienen una extensión casi infinita de modo que yo puedo ir a cualquier parte, hacer cualquier movimiento y realizar la cantidad de piruetas que yo desee con total libertad y energía-. Explicaba Perucho.

-Por supuesto al ser estos hilos mágicos invisibles, no los puede ver casi nadie y mucho menos el hombre que me dirige, pero he notado que en algunas funciones, los niños que me ven, se han dado cuenta de la existencia de ellos-. Continuaba explicando elocuentemente la extraordinaria marioneta.

-No me molestan, pues tienen un pegamento muy suave y están fijados a mi cuerpo de tal manera, que ni siquiera siento el sitio dónde están unidos a mí. Es por esa razón por la que me muevo con total libertad cada vez que yo lo deseo-.

Pero mientras oía a Perucho, a aquel niño se le fueron ocurriendo una serie de preguntas en su imaginación:

Primero, -¿cómo era que Perucho se había dado cuenta de que tenía unos hilos mágicos si eran invisibles y nunca los había visto?-. Segundo, -¿quién lo había dotado con semejantes cordones tan especiales y qué era el GRAN MISTERIO?-.  Y tercero, -¿por qué los tenía solamente él y no todas las marionetas del mundo?-.

Un sonido agudo y fuerte le hizo abrir sus grandes ojos azules, dándose cuenta de que había despertado y de que había estado soñando. Era hora de levantarse e ir al colegio. A primera hora le tocaba presentar su trabajo. Al salir de su cama, miró hacia el escritorio de su habitación y allí estaba su pequeña marioneta, que con tanto esmero y dedicación había construido para cumplir con la tarea asignada por la maestra de artística. Y mientras tomaba su desayuno, no dejaba de pensar en lo maravilloso que sería el mundo si todas las marionetas pudieran hablar y tuvieran hilos mágicos.
María de la Luz
2011)

domingo, 1 de mayo de 2016


Poco a poco fui abriendo los ojos. No podía mover mis manos y un gran peso sobre mi cuerpo me impedía levantarme. No escuchaba ya ningún ruido. Una sensación de aturdimiento invadía todo mi ser. Recordé la choza de mi padre y las veces que él la volvía a levantar después de cada tormenta. Ese recuerdo no me permitía pensar en otra cosa. Moví un dedo y luego otro y otro hasta que pude sacar mi mano. La sacudí hasta que pude liberar mi brazo. Sintiendo que me ahogaba, desesperadamente y haciendo un enorme esfuerzo, elevé mi rostro al mismo tiempo que abría mi boca. Pude desenterrarme escupiendo arena y cuando por fin me puse en pie, miré a mi alrededor, el desierto había cambiado por completo, ya no era el mismo desierto. Tenia que volver a reorientarme, rehacer mi camino y divisar un nuevo horizonte. Estaba decidido a no repetir la historia de mi padre, convencido estaba que tras el desierto encontraría un lugar en el que no había que reconstruir una nueva choza cada vez que había una tormenta.
María de la Luz (01 de Mayo 2016).

martes, 19 de abril de 2016

UNA ESTRELLA EN EL JARDÍN


Escuché un extraño ruido afuera. Las cortinas se movieron y de un salto el gato se metió debajo del sofá. Un gran resplandor invadió la cocina. Sentí un viento cálido y mi cabello se llenó de escarcha azul. Sonreí y pensé que por fin tenía la mía. Me asomé al jardín y allí estaba. Tendría que esperar a que su fulgor se apaciguara. Era maravilloso ver esa nube de diminutas luces de colores pululando por todo el lugar. Había caído una estrella en mi jardín.
María de la luz (19 de Abril 2016).

domingo, 17 de abril de 2016


Aquella explanada a la que casi nadie solía ir, ubicada en las afueras del pueblo, no muy lejos, no muy cerca, siempre me llamó la atención.
Mi abuela, como su abuela y como todas las viejas señoras del cacerío contaban esa historia que daban por cierta.
Aquel lugar, plagado de floridos rosales que mantenían sus hermosas rosas rojas durante todo el año, era de una sin igual belleza, por esta razón lo consideraba encantador, aunque he de confesar que no dejaba de parecerme un sitio misterioso. Durante mi infancia hubiera dado lo que fuera por ir a jugar allí, pero a ningún niño del pueblo no los permitían.
Suelo tener mucho respeto por lo que cuentan los mayores, porque generalmente sus historias, a las que otorgan mucho poder, además de que alimentan nuestra imaginación de una manera adictiva, nos superan y están llenas de acontecimientos tan misteriosos como ciertos, teniendo la particularidad dichas historias de apoderarse de los lugares y ejercer cierto control sobre las vidas de las personas.
El triste funeral acompañado de una serena llovizna transcurrió sin novedad, Doña Micaela había sido enterrada y con ella sus historias.
Por tercera vez, una rosa blanca allí, en medio de los hermosos y floridos rosales rojos de aquella explanada, me anunciaba la muerte de un ser querido. Como lo contaban las ancianas del pueblo, de tiempo en tiempo, florecía una única rosa blanca en aquel rojo jardín, presagiando un inesperado y nefasto acontecimiento.
Una vez mas, sentí que sucumbía a las historias de mi pueblo, del que había salido hacía ya mucho años y al que había regresado solo en dos ocasiones; la primera vez, al funeral de mi abuela y la segunda vez, al funeral de Doña Micaela, mujeres con quienes me crié por ser huérfana de madre, y en las dos ocasiones floreció la rosa blanca, como había sucedido el día que nací.
Después de recorrer la casa materna, muy deteriorada y prácticamente cayéndose a pedazos, tomé la decisión de irme de allí con la firme convicción de no volver jamás.
Es extraño, pero creía que si no volvía a aquel sitio, aquella historia ya no tendría mas poder sobre mi, y que aquel misterioso jardín, ya no existiría sino en la imaginación enterrada de los moradores ya muertos de aquel pueblo.
María de la Luz (17 de Abril 2016).