Caminando por el pequeño pueblo donde vivo,
justo en el centro donde están todas las tiendas y numerosas terrazas, estaba
aquella figura delgada e inmóvil. Me acerqué atraída por el color de su
vestimenta que siendo toda de blanco le daba un aspecto atractivo y pulcro. Su
inmovilidad perfecta y su lenguaje corporal fue lo que llamó mi atención y la
de los niños que estando por allí se acercaban a mirarla. No aguanté la
tentación y le tomé algunas fotos. Repentinamente nos sorprendió
gratamente a los niños y a mí con un movimiento elegante y dirigido hacia los
que allí le observábamos. Me percaté de que aquel mimo era una chica, e
inmediatamente sentí admiración por lo que expresaba con su arte y por su
manera de ganarse la vida. Para los niños lo que representaba aquella chica,
era una fantasía maravillosa y mágica que se reflejaba en las sonrisas y gestos
que expresaban en sus pequeñas caras al observarla. Numerosas personas al pasar
por allí seguían su tránsito sin detenerse, apenas lanzando una mirada o
esbozando una sonrisa en sus rostros. Al enfocarla con mi móvil, me lo
agradeció con su mirada. Pero más le agradecí yo lo que hacía con su arte, ella
sola con su vestimenta blanca, con su exquisita técnica de mimo, con la
disposición de todo su ser al completo, regalaba magia y fantasía, regalaba eso
que hace exaltar la imaginación y la sensibilidad humana aunque sea por un segundo,
pero que llena tanto. Por un instante imaginé, -y si todos fuéramos mimos y
también al igual que ella fuéramos por allí por la vida, regalando fantasías,
embelleciendo momentos, creando instantes mágicos-. Y precisamente eso fue lo
que sucedió aquel cotidiano día, aquella encantadora mima nos regaló a los
niños y a mí, un instante mágico.
miércoles, 17 de junio de 2015
EL MIMO
Caminando por el pequeño pueblo donde vivo,
justo en el centro donde están todas las tiendas y numerosas terrazas, estaba
aquella figura delgada e inmóvil. Me acerqué atraída por el color de su
vestimenta que siendo toda de blanco le daba un aspecto atractivo y pulcro. Su
inmovilidad perfecta y su lenguaje corporal fue lo que llamó mi atención y la
de los niños que estando por allí se acercaban a mirarla. No aguanté la
tentación y le tomé algunas fotos. Repentinamente nos sorprendió
gratamente a los niños y a mí con un movimiento elegante y dirigido hacia los
que allí le observábamos. Me percaté de que aquel mimo era una chica, e
inmediatamente sentí admiración por lo que expresaba con su arte y por su
manera de ganarse la vida. Para los niños lo que representaba aquella chica,
era una fantasía maravillosa y mágica que se reflejaba en las sonrisas y gestos
que expresaban en sus pequeñas caras al observarla. Numerosas personas al pasar
por allí seguían su tránsito sin detenerse, apenas lanzando una mirada o
esbozando una sonrisa en sus rostros. Al enfocarla con mi móvil, me lo
agradeció con su mirada. Pero más le agradecí yo lo que hacía con su arte, ella
sola con su vestimenta blanca, con su exquisita técnica de mimo, con la
disposición de todo su ser al completo, regalaba magia y fantasía, regalaba eso
que hace exaltar la imaginación y la sensibilidad humana aunque sea por un segundo,
pero que llena tanto. Por un instante imaginé, -y si todos fuéramos mimos y
también al igual que ella fuéramos por allí por la vida, regalando fantasías,
embelleciendo momentos, creando instantes mágicos-. Y precisamente eso fue lo
que sucedió aquel cotidiano día, aquella encantadora mima nos regaló a los
niños y a mí, un instante mágico.
martes, 9 de junio de 2015
NOSTALGIA
A lo lejos la inmensidad del mar se confunde con la
inmensidad del cielo, desde este lugar las dos inmensidades se contemplan
perfectamente.
Cierro los ojos y por un instante esas inmensidades se
meten en mi corazón y arropan mi soledad, entonces, como por arte de magia, el
horizonte se acerca y con él la tierra que me vio nacer, y se une al calor y al
amor maternal que pulula por todos los rincones
de esta hermosa región. Y sueño que ya no existe ni horizonte ni distancia.
Oigo sus voces, la de mis abuelos, que me arrullan y
consuelan, y con travesura ellos soplan la maravillosa brisa que seca mis
lágrimas. Una sentida ternura me envuelve.
A lo lejos la inmensidad del mar se confunde con la
inmensidad del cielo, desde este lugar las dos inmensidades se contemplan
perfectamente, y a mis oídos llegan los ecos de una folía y del zapateo de un
joropo. La nostalgia se viste de quietud y silencio.
SE QUEDÓ CALLADA ANTE AQUELLO QUE LASTIMÓ SU ALMA
Se quedó callada ante
aquello que lastimó su alma.
Aquel nueve de junio las
lágrimas invadieron su rostro y el cinismo de las palabras de aquella
conversación, bailó su danza con aires de soberbia. Por un tiempo sintió
vergüenza, lástima de si misma y mucha tristeza. Y entonces llegó la soledad
cargada de lágrimas, y paradójicamente también llegó la amistad en forma de
consuelo, de la mano de un caballero-amigo y de una hermana-amiga. Durante un
año se quedó callada ante aquello que lastimó su alma. Hoy soplan vientos
fuertes, hay nuevos aires y se divisa por fin un horizonte lleno de esperanza.
Ya no más vergüenza, ni lástima. Nunca existieron. Sólo fue el miedo que
quiso jugar su juego. Y aunque el orgullo
y la arrogancia quisieron hacer su reaparición e infundir temor, ella con
valentía pronunció palabras fuertes, sentidas y certeras. Ha dado una lección y
no guarda rencor porque su soledad la vistió de sabiduría. Y allí, en ese lugar
donde habita el temor, yace él, inmóvil y acorralado en su cobardía, en cambio
ella, aunque algunas lágrimas le dan brillo a su mirada de vez en cuando, alza
el vuelo, porque soplan vientos fuertes, hay nuevos aires y se divisa por fin
un horizonte lleno de esperanza.
jueves, 21 de mayo de 2015
MI DORMITORIO
Al entrar en ella, tuve una
sensación extraña. El color rosa fuerte de las paredes, las cuales había
pintado yo misma unos cuantos años atrás, me recibió con un llamado de atención,
que hizo que se agolparan en mi memoria y en un instante muchos recuerdos. Parecía
que entraba en una vieja habitación, pero no, esa habitación fue mi lugar de
dormitorio durante muchos años de mi vida, no era una vieja habitación, era mi
habitación.
La cama ubicada justo en el centro y pegada
a la pared del fondo, con unos cuantos muñecos de peluche de mi infancia, la
mesita de noche colocada a la izquierda con imágenes de vírgenes varias, de
diferentes tamaños y materiales, y una cestita ubicada en el piso con revistas,
me indicaron que mi madre la estuvo preparando para mi llegada.
El antiguo escaparate colocado a la derecha
y pegado a la pared lateral, que perteneció a mis abuelos, con ese póster de la
Virgen María Auxiliadora, el cual pegué yo misma en una de sus puertas, me
recordó las innumerables limpiezas y redecorados que solía hacerle
frecuentemente a mi habitación.
El divisar mi retrato colgado a mediana
altura en la pared de la izquierda, de gran tamaño y donde aparecía yo con mi
cara de niña de siete años y mi uniforme de colegio, me recordó en el acto a mi
padre, entrando en esa misma habitación, con él entre sus manos.
Según se entraba en ella, estaba a la
izquierda la puerta interna que comunicaba con la habitación de mis padres,
franqueada únicamente por una sencilla cortina, dejé mi maleta apenas entrar y me acosté en
mi cama, el colchón duro me hizo sentir que nada había cambiado, y que esa era
la misma habitación que había dejado hacía cuatro años atrás al partir de mi
casa.
miércoles, 29 de abril de 2015
DANZANDO CON EL VIENTO
Una brisa inesperada me empujó hasta aquel mágico y encantador lugar donde es posible danzar con el viento.
Aunque al principio, el viento mayor era raro, esa primera brisa que me llevó hasta allí fue amable y tranquila, empujándome con suavidad y certeza. Tuve que hacerme un lugar en aquel sitio para darle forma a mis movimientos, e ir llenándolo poco a poco de mi propia calidez.
El tiempo pasa y no nos damos cuenta cuando danzamos con el viento, por lo tanto en aquel paisaje que me rodeaba, los vientos fueron muchos y muy variados. Los vaivenes a los que me vi sometida moldearon un poquito mi lugar allí, pero entre medias de todos esos vientos, repentinamente, un viento mágico lo envolvió todo, y jugueteaba a mi alrededor haciéndome sentir que tenía alas y que podía volar.
Desde entonces, ya no me fue posible dejar de danzar y comprendí que la vida es una danza.
Continué dando forma a mi danza y descubrí que se había convertido en un camino hacia mi misma, y aprendí con cada movimiento a sortear brumas impregnadas de melancolía, a dejar que me arropara el aire silencioso y a empujar vientos de esperanza.
Hoy continúo mi camino de la danza, y sean cual sean los vientos que soplen, un aire de nostalgia siempre me envuelve, al recordar aquel mágico y encantador lugar donde es posible danzar con el viento.
María de la Luz
Aunque al principio, el viento mayor era raro, esa primera brisa que me llevó hasta allí fue amable y tranquila, empujándome con suavidad y certeza. Tuve que hacerme un lugar en aquel sitio para darle forma a mis movimientos, e ir llenándolo poco a poco de mi propia calidez.
El tiempo pasa y no nos damos cuenta cuando danzamos con el viento, por lo tanto en aquel paisaje que me rodeaba, los vientos fueron muchos y muy variados. Los vaivenes a los que me vi sometida moldearon un poquito mi lugar allí, pero entre medias de todos esos vientos, repentinamente, un viento mágico lo envolvió todo, y jugueteaba a mi alrededor haciéndome sentir que tenía alas y que podía volar.
Desde entonces, ya no me fue posible dejar de danzar y comprendí que la vida es una danza.
Continué dando forma a mi danza y descubrí que se había convertido en un camino hacia mi misma, y aprendí con cada movimiento a sortear brumas impregnadas de melancolía, a dejar que me arropara el aire silencioso y a empujar vientos de esperanza.
Hoy continúo mi camino de la danza, y sean cual sean los vientos que soplen, un aire de nostalgia siempre me envuelve, al recordar aquel mágico y encantador lugar donde es posible danzar con el viento.
María de la Luz
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



